Política i societat

Política y acompañamiento humanista. Clave para la democracia

Relleu del Codi d’Hammurabi, símbol antic de llei i convivència social

Antes de empezar, y para quienes no me conocéis, quiero compartir que la política es también una de mis pasiones. Y qué mejor momento para decirlo que ahora, en mi primer articulo sobre política y cuando está a punto de arrancar el curso parlamentario. ¡Empecemos!.

¿Alguien se imagina un ministro, un diputado o un alcalde diciendo públicamente: “estoy en un proceso de acompañamiento personal”?

Seguramente nos sorprendería. Quizás incluso haría sonreír a más de uno. Pero, en realidad, no hay nada más lógico. Si hay un ámbito donde se ponen a prueba los emociones, la presión y la capacidad de gestionar conflictos, este es en la política.

La salud emocional y la política están íntimamente conectadas: cuando los representantes no se cuidan, la democracia se resiente. Y és aquí donde un acompañamiento personal en enfoque Gestáltico y en Focusing puede ofrecer un espacio valuoso: un espacio en donde parar, escucharse y recuperar claridad. Una herramienta clave para conseguir una democracia consciente y más próxima a la ciudadanía.

Desde la antigüedad, las sociedades han buscado ordenar la convivencia a través de normas y códigos. El Código de Hammurabi, escrito hace casi cuatro mil años, es uno de los primeros testigos de este intento de poner límites y estructurar la vida pública. Pero detrás de la piedra y de las leyes hay una pregunta que continúa viva hoy: ¿cómo hacemos que las normas sirvan a las personas y no las personas a las normas?

Relleu del Codi d’Hammurabi, símbol antic de llei i convivència social

El Código de Hammurabi: las leyes solo tienen sentido si ponen a la persona en el centro.

La carga emocional de hacer política

Ser representante público significa convivir con:

  • Expectativas enormes y a menudo contradictorias.
  • Críticas constantes, que vienen por todos lados.
  • Soledad: a menudo no hay espacios donde mostrar vulnerabilidad.
  • Toma de decisiones rápida y con consecuencias colectivas.

Cuando esta presión no se gestiona, es fácil caer en respuestas reactivas, en discursos agresivos o en dinámicas de crispación. El resultado: una política más alejada de la ciudadanía y menos capaz de escuchar. La historia esta llena de ejemplos de como la falta de cuidado personal puede afectar a la política. El caso de Richard Nixon y su entorno és especialmente revelador (ver análisis en el blog Cine y Psicología)

La falta de cuidado emocional de los representantes es un problema que afecta directamente a la calidad democrática.

¿Qué aporta un acompañamiento personal de enfoque Humanista – Terapia Gestalt y Focusing – a quien gobierna?

El acompañamiento humanista para políticos no es un lujo. Es una herramienta para desarrollar habilidades esenciales para la vida pública:

  • Más claridad mental: reducir la reactividad y tomar decisiones más conscientes.
  • Empatía real: entender y escuchar tanto a la ciudadania como a los adversarios políticos.
  • Gestión del conflicto: transformar la tensión en diálogo y nuevas posibilidades.
  • Autoconocimiento: evitar que sea el ego o el miedo quien acabe gobernando.

En mi experiencia con la Terapia Gestalt y el Focusing, sé que la escucha, el contacto con un mismo y la coherencia entre sentir, pensar y hacer son claves. Imaginamos qué pasaría si estas herramientas formaran parte del bagaje cotidiano de nuestros representantes políticos. Eso sí que sería una apuesta por el humanismo y la política.

Una cuestión de Salud Democrática

Cuando un político se cuida, no solo mejora su vida personal: cuidarse es también cuidar la democracia.

La calidad humana de quienes toman decisiones tiene un impacto directo en la calidad de las leyes, de las políticas y, en definitiva, de la vida de todo el mundo.

Un gobierno más consciente, capaz de escuchar y de gestionar las emociones, es también una democracia consciente y próxima a las personas. Esta es la verdadera conexión entre humanismo y vida pública.

El papel de la ciudadanía

Es cierto: no solo los políticos necesitan cuidarse. La ciudadanía también. Todos tenemos responsabilidades y conflictos por gestionar. Y es evidente que quienes representen millones de personas tienen una responsabilidad más grande y, por lo tanto, también más necesidad de apoyo.

Como ciudadania, podemos exigir representantes técnicamente preparados. Y también tendríamos que pedir que estén emocionalmente disponibles y humanos. No es una debilidad, es un valor añadido para una política con bienestar y más conectada con la realidad.

Quizás algún día no nos sorprenderá oir a un político decir:

«Estoy en un proceso de acompañamiento personal porque quiero ser mejor para la gente que represento.»

Aquel día habremos entendido que el poder no está reñido con la vulnerabilidad y que reconocerla es, de hecho, un signo de madurez y responsabilidad.

¿Y tú, qué piensas?

Crees que nuestros representantes tendrían que recibir acompañamiento emocional para hacer mejor su trabajo?

Me gustaría leer tu opinión a los comentarios y abrir este debate tan necesario.

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