Acompaño un joven que ha sido internado en un CIE.
No escribo desde su lugar, sino desde el lugar de quien acompaña y observa como, dentro de este dispositivo, las personas dejan de ser personas para convertirse en números.
Un número que entra.
Un número que espera.
Un número que puede salir sin entender por qué, igual que entró sin comprenderlo.
Los supuestos que pueden llevar al internamiento
El sistema dice que el internamiento es una medida excepcional.
Pero, en la práctica, basta con encajar en determinados supuestos administrativos para que una persona sea privada de libertad con un único objetivo: la expulsión.
No hablamos necesariamente de delitos graves.
Hablamos de situaciones como:
• no poder acreditar una situación administrativa regular en aquel momento.
• incoherencias o errores en la documentación.
• antecedentes ya cumplidos o sin relación con el presente.
• sospechas sin pruebas claras.
• decisiones basadas más en criterios policiales o políticos, que en pruebas sólidas.
Supuestos amplios y ambiguos que a menudo dejan la persona sin entender por qué está interna ni qué pruebas hay en su contra. Aquí es donde el Estado de derecho empieza a agrietarse.
El derecho a una información clara se diluye.
La posibilidad de defenderse en condiciones reales se reduce.
La presunción de inocencia queda en suspenso.
La opacidad y la deshumanización dentro de los CIEs
Desde fuera, sabemos muy poco del que pasa adentro.
Hay muros físicos, pero sobre todo muros de opacidad.
No hay explicaciones comprensibles.
No hay relato.
No hay garantías visibles.
Pero el sistema no dice qué pasa por dentro de una persona cuando su vida queda reducida a una lista de supuestos administrativos.
Adentro, el tiempo deja de tener estructura.
No hay horizonte.
No hay certezas.
La persona sabe que ha entrado con el objetivo de ser expulsada, pero nadie puede garantizar que esto pase.
Puede acabar en una expulsión, o puede acabar en la calle, de repente, por errores, por carencia de acuerdos con países de origen, por cambios políticos, por decisiones administrativas opacas.
Las personas dejan de ser sujetos para convertirse en números: un número que entra, un número que espera, un número que puede salir sin entender el porqué.
El tiempo deja de tener estructura. No hay horizonte, no hay certezas.

La solidaridad transforma vidas
Impacto psicológico y salud mental
Este «ve a saber cómo acabará» no es anecdótico. Es estructural. Y tiene consecuencias psicológicas profundas.
La incertidumbre sostenida genera ansiedad constante, insomnio, miedo difuso, sensación de pérdida de control, desconexión emocional.
Con el paso de los días, el malestar no disminuye: se agravia.
La salud mental de las personas internadas no es una prioridad, es una pastilla.
No se cuida.
No se acompaña.
No se protege.
Ninguna persona puede sostenerse emocionalmente en un espacio donde no es reconocida como sujeto de derechos, sino como objeto de gestión. Cuando una vida queda reducida a un expediente, el daño no es solo administrativo: es humano.
Cuando salen —si salen—, a menudo no hay explicación.
No hay reparación.
No hay reconocimiento de lo que se ha vivido.
No hay reconocimiento de lo que se ha vivido.
Si el internamiento se ha prolongado en el tiempo —no semanas, sino meses—, la medicación acaba haciendo efecto. Pero se sale sin ella. Sin seguimiento. Sin prescripción médica clara. Sin información sobre los posibles daños psicológicos.
El sistema cierra la carpeta.
La persona queda con las secuelas.
Si te he visto, no me acuerdo.
El papel del acompañamiento y el activismo
Por eso quiero dar las gracias a todas las personas que trabajan o hacen voluntariado para acompañar a las personas internadas.
A las entidades, a las profesionales, a las activistas que sostienen derechos humanos allá donde el Estado falla.
A quien decide no mirar hacia el otro lado y estar junto a las personas.
Seguir este ejemplo no es solo un acto de solidaridad.
Es una defensa activa de los derechos humanos. No solo una declaración vacía.
Un relat clar concis i amb un llenguatge gairebé poètic! Molt bé, Silvi👏🙏💪❤️
Gràcies pel comentari. Crec important explicar aquestes realitats amb un llenguatge que posi les persones al centre.