Un agosto compartido… con todo lo que implica
Convivir con adolescentes en verano puede ser un desafio. Las rutinas desaparecen, la calor se acumula y los horarios se vuelven más flexibles. A menudo, esto puede derivar en más tensión y menos espacio personal para todo el mundo.
La buena noticia es que también puede ser una oportunidad. Para descansar conjuntamente, para mirarnos con menos prisa y para escuchar lo que hay: en ell@s y en nosotr@s.
Adolescencia: menos control, más presencia
A menudo, las familias olvidamos que la adolescencia no necesita más control, sinó más presencia. Una preséncia firme, cálida y confiada. Cuando podemos sostener des de este lugar, la convivencia se tranforma.
Algunas ideas para un verano más respirable
- Espacios de soledad y de convivencia. Encuentra momentos para que cada cual tenga su espacio y, a la vez, momentos para compartir. No hay que forzar la convivencia: a menudo, menos es más.
- Invita, no impongas. Propon actividades sin exigir. Acompaña des de la confianza y permíteles escoger. Y recuerda que la connexión no se fuerza: se cultiva.
- Escucha con tiempo. Cuando hablen, escuchal@s de verdad. Cuando callen, acompaña igualmente. La escucha crea vínculos.
- Cuidate para cuidar. No hace falta hacerlo perfecto. El autocuidado no es un lujo: es tu anclaje. Cuando te cuidas, puedes sostener con más calma el día a día. Cuando estas conectada contigo, puedes sostener mejor al otro.

Espacio, ritmo, confianza, presencia y belleza dentro de la complejidad.
¿Como sostenerte como adulto/a?
No personalices la distanciación. Forma parte de su proceso.
Busca espacios propios de calma y conexión.
Comunícate desde el respeto y la confianza.
Acepta que no todo tiene que ser resuelto inmediatamente.
Y si en algún momento necesitas un poco de apoyo para volver a tí misma —incluso con adolescentes cerca—, te puedo ofrecer acompañamiento en línea durante agosto: breve, flexible y pensado para acompañarte con suavidad.
Pequeños gestos que pueden marcar la diferencia
Preguntar sin juzgar: “Cómo estás?”
Darles opciones reales y escuchar su opinión.
Proponer actividades fuera de casa que no impliquen pantallas.
Recordar que también ellos están transitando un verano emocionalmente intenso.
En síntesis
El verano puede ser un buen laboratorio para practicar una convivencia menos reactiva y más respetuosa con la transformación adolescente. No se trata tanto de hacer más, sino de hacerlo con más conciencia y respiro.